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lunes, 30 de mayo de 2011

Y tú ¿qué sabes de Rusia?



Transcribo con pausas para sacarle partido a la reflexión:

"¿De Rusia? Bueno pues(4 palabras para tragar saliva)

sé que es un país(bien, vas bien, 9 palabras)

donde e-hm vive gente(13, y mentira no es)

maravillosa(14, sí, por eso este es embajador, porque allí hijos de puta no quedan)

e que ha habido en el tema de política algunos cambios (25, calla, no digas más)

y no sé mucho más (30) gracias (31)."

En treinta y una palabras y no en veinticinco como le pidió el ruso, pero no está mal. Si se hubiese quitado las 4 del principio, el "gracias" y el "y no sé mucho más", le hubiese dado para terminar con un "hijo de la gran puta" que le hubiese puesto una guinda espectacular y se hubiese ido mucho más torera.

Y ahora unas foticos de lo que sabe Marcos de Rusia tras echar en Moscú unos días:

La catedral de San Basilio es chula por fuera pero por dentro necesita una mano de pintura importante.


Hay que llevarse gorrica si vas en primavera


Todo lo hacen grande de cojones


Siempre hay un ruso mirando a la cámara cuando echas una foto


Es fácil perderse en el metro pero también encontrarse al niño del pijama de rayas


Compartimos ídolos


Y que los chinorris allí también lo petan





Sabiendo esto y que ni dios habla inglés, ya estás preparado para sobrevivir unos días allí.

miércoles, 27 de octubre de 2010

El avilesino orgulloso

Cuando no me acuerdo ni cómo de pequeño era, mi tía se casó con un asturiano que se parecía bastante a Gargamel, el malo calvo de los pitufos. Según su propio testimonio, había sido una gran promesa futbolística, pero una lesión de rodilla le había apartado de los terrenos de juego para siempre haciendo que se ganase la vida como pintor de brocha gorda. A pesar de ello, además de impresionar a sus sobrinos con sus trilerías baloneras, mantenía amistades en el mundo del fútbol y alguna vez Quini le consiguió entradas para que nos llevase al Molinón a ver fútbol del bueno. En una de esas, recuerdo que en un derby contra el Oviedo (empate tristísimo sin goles) estando de pie en uno de los fondos un matao de azul tiró no sé a dónde y como debe ser que no perdía detalle del partido me arreó en plena gafa sin esperármelo. Me hacía ilusión tirar el balón al campo, pero mi hermano se tomó la libertad de devolverlo él mismo y aunque ya se lo he perdonado, reconozco me quedé bastante dado por el culo.

El tipo estaba todo el día contando batallitas y olía siempre un poco así como a bar, pero no a bar normal tabaco+fritanga, cantaba a auténtico bar asturiano, un lugar que los amantes del vómito suelen venerar por darle el ácido de la sidra un aroma muy parecido al de una buena sopa tropezonera. Como buen asturiano, tenía una puntería genial para echar sidra y aunque trató de adiestrarnos muchas veces, mi hermano y yo lo único que hacíamos era tirar todo por el suelo. Le gustaba mucho cantar folklore astur y echar el cambio a la máquina, aunque nunca le tocase.

Todo sea dicho (inciso típico pero real), el tipo no era mala gente y nos apreciaba un montón, lo que pasa que estaba como una cesta. Y es que se pasaba todo el día contando batallas de dudosa credibilidad que ni te iban ni te venían y terminaban siempre con un consejo vital que sentaba cátedra. La mayoría eran un poco cuestionables, pero una de las paridas que repetía constantemente era que a los de Oviedo se les llamaba "carbayones", a los de Gijón "culos moyaos" y a los de Avilés, ojo al dato, "los adelantaos". Sólo decir que el tipo era natural de Avilés (si es que ahí hay algo natural entre peces con tres ojos) e inexplicablemente estaba muy orgulloso del lugar.

Una vez llegados a este punto explico que desde hace ya bastante tiempo, cuando me encuentro a alguien de Avilés no puedo evitar que me pasen dos cosas por la cabeza: Primero, recuerdo al tipo éste jactándose de que los de allí son "los adelantaos", y luego, que es con diferencia la ciudad más horrible que he visto. Cuando transmito esta segunda parte también hay dos opciones, que el avilesino reconozca que su ciudad es un pozo industrial, feo y que huele fatal, o puede intentar venderme la moto diciéndome que ha cambiado mucho en los últimos años. Aviso: el argumento del Nienmeyer está de moda.

"¿Cuánto hace que no vas?" me preguntan. Y como a esto sólo he podido responder últimamente con mis recuerdos de infancia y alguno periférico, el fin de semana pasado estaba por la zona y le pedí a mi novia que, por favor, me llevara a Avilés para ver si seguía siendo tan horrible como lo recordaba. Me costó convencerla de aquella atrocidad, pero dado que los príncipes nos habían jodido la visita a Lastres y no era plan de ir sin la ITV en regla a aquel nido de policida, accedió a regañadientes.

Pues bien, sólo decir que cuando llegamos a Avilés nos guiamos por un cartel de El Corte Inglés porque la experiencia dice que este lugar suele estar bien situado en las ciudades, céntrico o por lo menos cerquita de lo que haya que ver. En Avilés no. En Avilés los de El Corte Inglés deben haber decidido ponerlo a las afueras para no juntarse con el resto y mantener su status, así que una vez descubierto esto, caminando por lo que se supone que es el centro histórico de la ciudad, intentamos profundizar preguntando por lo vistoso de Avilés a una mujer con el pelo estropajoso y los dientes amarillos.

Abandonamos a aquella señora en medio de la calle echando espuma por la boca y con una pierna temblando. Cuando corríamos hacia el coche vimos por el camino que lo más llamativo del lugar era alguna casa pintada como con una mano de color y pensé que podría ser resultado de la brocha del avilesino orgulloso. Por lo demás, seguiré buscando a la persona que me confirme eso de que Avilés son conocidos como "los adelantaos".

Es evidente que de este desplazamiento esporádico no he tomado ninguna fotografía.

martes, 24 de agosto de 2010

Las vacaciones con Chencho

Chencho es un solete de hombre. Este verano ha querido dedicar sus vacaciones a cuidar de dos semiadultos retrasados y se los ha llevado a Alemania, el país de la cerveza y las salchichas. Todos han quedado muy satisfechos con el viaje y en principio no deberían sufrir más efectos secundarios de los que ya arrastran. Cuando vuelvan al cole contarán a sus compañeros lo bien que lo pasaron compartiendo habitación con coreanos en desarrollo y teutones inocentes.


Durante los días con Chencho, los idiotas aprendieron un montón de cosas:

En Alemania la gente gusta de llevar a su perrete a todos los sitios, por dentro de las tiendas y eso, pero para no acumular mierda por sus calles han diseñado unas señales bastante gráficas con las que no queda lugar a duda: Prohibido echar más de tres pelotillas por defecación.



Como los idiotas son muy de tocarlo todo y romperlo, Chencho intentaba que no pisasen tiendas con este cartel a cambio de una cerveza y diez minutitos más de sueño cuando sonaba el despertador.


Con el objetivo de inculcarles cierto barniz cultural, les explicaba todos los murales aunque no acabasen de entenderlos muy bien y se lo tomasen a guasa.


Si se cansaba, pues les dejaba utilizar una audioguía siempre que fuesen gratis.


Si se portaban bien, les dejaba beber mostaza con un poco de bratwurst.


A veces Chencho permitía que los idiotas llamasen a cobro revertido para contar a su familia lo bien que lo estaban pasando.


También les llevó a jugar con los Lego, aunque nunca consiguiesen encajar dos piezas.


A pesar de que Chencho intentaba que pagasen su ticket para montar en metro, los idiotas se negaban a comprarlo y se tiraban todos los viajes sobeteando los asientos.


También se llevó a los idiotas de compras, a ver si amortizaba un poco el viaje dejándoles un ratito tirados en algún semáforo.



Y claro, con tanto ir y venir a los idiotas les salían pupas en los piés.


Pero no hay problema, ellos siguieron haciendo lo que estaba en sus manos para que todo el mundo se diese cuenta de que, efectivamente, eran gilipollas.



Al final todo salió muy bien y Chencho volvió con los dos idiotas más salvos que sanos. El problema es que al pobre hombre se le ha terminado pegando la tontuna, por lo que el año que viene los tres deberán incorporar a un cuarto elemento que cuide de ellos.

martes, 3 de agosto de 2010

PPSOE

En algún pueblo de la meseta norte han pensado que para repartir la mierda, mejor ponerla toda juntita.


Valencia de Don Juan (León)

domingo, 25 de julio de 2010

Nombre: Ignacio Muñoz.
Matrícula del coche-----.
Modelo: Honda Civic (aún sin puertas de gaviota).
Color: Gris meteoro.
-¿Cómo?
-Gris meteoro, es que es gris pero cuando le da el sol tiene reflejos dorados.

-Ignacio, ¿tú si fueses un perro, o sea, un animal perro, cuál serías?
-Un Bull dog americano, claramente.
-Vete a la mierda Nacho, con esos tirabuzones en el pechamen serías un puto perro de aguas como al que paseas todas las tardes...

A la vuelta del fin de semana hemos parado en una gasolinera a la altura de Requena a merendar miguelitos, tal y como es tradición en el tránsito por la zona. Un secarral del copón, sin sombra conocida y con una botella de agua como única ayuda para degustar los manjares de la tierra. Con el viento soplando del sur Manolo me ha puesto fino de glas y yo hecho lo propio con Ignacio, situado a mi izquierda. El chocolate chorreante se ha empezado a derramar y el hojaldre a desmontarse, por lo que de repente lleno de miguelito por todos lados me he dado cuenta que me había convertido en el señor de las moscas. Moscas por el hocicamen, por las medallas de la camiseta, en el miguelito... El dueño del meteoro me ha pedido que para entrar en su coche me diese una ducha o en su defecto un buen lavado y sacudido, pero las moscas ahí han seguido a la espera de que volviese a liarla.

Si hay un baño que de más asco que el de un garito nocturno es cualquiera que dependa de una gasolinera Cepsa y esa ha sido en la que el conductor ha detenido su nave. No he podido hacer mucho, pero a la que salía del bar de al lado, con baño un poco menos guarro, me he parado a mirar en su escaparate la oferta de casetes empolvados. Nada llamativo, pero no he podido evitar fijarme en la filmografía porno, más renovada porque debe ser que la demanda de este tipo de material es más fuerte. Casi me quedo allí a pasar el resto del domingo porque el conductor, al verme tirando fotografías al escaparate se ha sentido ofendido y ha ido arrancando su nave meteórica. Hemos pasado el resto del viaje "escracheando" ritmos naturales contra el asiento y dando vueltas por las emisoras buscando el último tema preferido de Ignacio: El dúo de Paulina Rubio con Pit Bull. En dos semanas me la sabré de memoria para cantársela en Ribadesella.

sábado, 12 de junio de 2010

Dedicado al inventor de la bragueta

Marcos iloser: Oye, una pregunta. Sinceramente por favor, ¿esto que me vas a echar no será garrafón?

Camarera tramposa: ¿Qué?.-Con un poco de poker face.

Marcos: Te pregunto si me estás echando garrafón pero a ver, que me voy a beber las copas igual, que ya las he pagado a la entrada, es sólo por ser consciente de...

Camarera: No,no. No es garrafón.

Marcos: Pero de verdad, ¿no?

Camarera: Que no, que no...

Marcos: Es que es la primera vez que vengo a este bar (de mierda) y me gustaría saberlo antes de ponerme estupendo.

Camarera con gesto de mirar a un tío cansino: ¿Qué?

Marcos: ¿Qué cervezas tenéis aquí?

Camarera: Heineken y San Miguel.

Marcos: Vaya... ¿Budweiser no, eh?.-Hubiese sido genial poder completar este trío.

Camarera: Ya te he echado los hielos, ¿Quieres una cerveza?

Marcos: No, no, no jodas. De ron ¿qué tenéis?

Camarera: Los que ves detrás de mi.-Segundo resoplido.

Marcos: ¿Pero puedo pillar cualquiera con la entrada o si te pido, por ejemplo, Santa Teresa, tengo que pagar suplemento como cuando voy a Barajas con el bonometro normal?

Camarera: ¿Qué? Que no, que vale cualquiera.

Marcos: Bien, entonces es que todo es de garrafón seguro, gracias. Échame el que quieras pero con Coca-Cola y un chorrito de Pulco para matarle el sabor, por favor.

Y va la camarera y coge Brugal ya con un poco de bursquedad.

Marcos: Espera, espera, que mejor me vas a echar Santa Teresa eh.

Camarera: lieurhnreasliufhrnelñ.-Para sí misma.

Marcos: ¿Me echas un poco más?

Camarera: No.

Marcos: Porfi.

Camarera: No.

Dos minutos depsués el Sr.Muñoz le tiró la copa entera al Sr.Guisado y la simpática opinó que de echarse una nueva, nada de nada. A partir de entonces pusimos mucho empeño en no derramar más combinados, pero algo extraño debió de ocurrir al lado de la barra para que el charco originado por el whisky experimentase semejante crecida.

martes, 1 de junio de 2010

Cerdeña is not Spain


Los italianos son gente que habla algo parecido al español pero cuando lo escriben quitan haches y ponen zetas donde van ces. También son mu coquetos, siempre con sus gafas de sol pegadas a la cabeza. Juntan los dedicos como cogiendo sal moviendo las muñecas al hablar y cuando te acercas a mirar la carta de un restaurante se te echan encima cual dependiente corteinglesero hambriento. En todas las ciudades hay una via di Roma, via Garibaldi, piazza del duomo y conducen por ellas como tunecinos pero con coches que no son sólo taxis. De hecho, un italiano siempre arranca el coche con un buen acelerón aunque tenga que pisar el freno a la vez, el caso es acelerar.

A los italianos de Roma para abajo se les entiende bastante mejor que a los del norte, más refinaos. En Cerdeña también se les pilla muy bien y la mayoría suelen ser amables cuando dices que eres español. Luego te preguntan si eres de Barcelona y esto es como las llamadas de las teleoperadoras, que a la 200 pues ya te has cansao. De todas formas, me parece muy bien que insistan y que esta gente conserve su cultura catalana, con su arquitectura catalana y sus clases de idiomas pa conservar la lengua. Para vivir apestaos por los italianos, que convenzan a Laporta a ver si cuando sea President lo anexiona y que se joda Berlusconi.

Por cierto, que ahí en Cerdeña el Mercadona italiano se llama Sisa. Como reclamo para que acudan españoles está bastante bien, pero no sé si al final va a ser un buen nombre para ponerle a un comercio.

domingo, 23 de mayo de 2010

Cercanías, dirección Parla

No me suelen gustar los muchachos que ponen bachata, requetón o poki-poki en el altavoz de su móvil mientras viajan en transporte público y todo el mundo se traga su ritmo. Lo que pasa es que ya puestos, prefiero oir al teléfono antes que a un canario emulando a Antonio Carlos, el gran niño tarareador de "Gente con chispa".

Recuperando hits de cara al verano, aquí dejo la versión bailonga del "Qué bonito" de Rosario Flores .

martes, 4 de mayo de 2010

Moonwalker 4.8


En línea con lo que va siendo esto últimamente, hoy voy a volver a apoyarme en documentos gráficos para explicar lo que ha sido el desplazamiento al festival del SOS ("ese o ese" para muchos y "lo del so" para los murcianos).

La verdad es que al ir con unas expectativas tan nefastas de Murcia, una vez llegados allí no me pareció más que una ciudad más con un río de mierda, una playa sosa y gente que pide agua para regar sus campos de Golf. Con los murcianos sólo nos relacionamos a la hora de sobornarles para colarnos en el festival y como nos dimos cuenta que la panda de africanos que vigilaban la valla estaban más espabilados que la fauna autóctona, al final hubo que colarse por los huecos en donde la incompetencia nacional se encargaba de que la gente sin entrada no accediese al recinto, es decir, por la puerta principal. En casos como estos, la colada Moonwalker resulta muy efectiva al aprovechar las pequeñas mareas para dar la espalda a los vigilantes e ir andando marcha atrás mientras mientras se accede al recinto.

Por lo demás, cuando el domingo nos levantamos y por primera vez nos desviamos del recorrido de casa a la zona del festival nos dimos cuenta de que tapear por Murcia es una puta mierda: Las cañas son pequeñas y caras, los murcianos tardan dos horas en atenderte aunque estén tocándose los huevos en grupo (en honor a su patrón L.Pausa) y las tapas, además de cobrarse aparte en casi todos los sitios, son finolis. Vamos, que al final nos tuvimos que largar sin comer unas simples patatas bravas, una tortilla o algo consistente de eso que pide el estómago después del ajetreo nocturno.

Si no es porque al principio he dicho que Murcia no era pa tanto, ahora diría que es una basura y que me fui de la ciudad escuchando a más de uno decir que no volvería allí a no ser que le pille de paso. Difícil.

FRIGO PIE VERSION ESPECIAL JUANITO OIARZÁBAL



TRÁFICO DE NIÑOS MARCA HACENDADO



INTENTO DE PEGGY-PIN UP MURCIANA MENEANDO LA PATITA


DESPERTAR IDÍLICO CON LOU REED

martes, 30 de marzo de 2010

Qué jodido es ser hipermétrope en Vueling

Como todo el mundo sabe, a los catalanes siempre se les ha tachado de ser gente un tanto tacaña. Del mismo modo, cuando pienso en los políticos suele aparecerme en la mente la palabra ladrón. Por tanto, en el momento en el que un político de origen catalán decide dedicarse al mundo de las aerolíneas el resultado sólo puede ser la compañía aérea más rata con la que volarás en tu vida. Ellos prefieren autocalificarse como "Vueling, la primera aerolínea de nueva generación".

LAS TARIFAS: En primer lugar, he de decir que cobrar 35 euros por cambiar un billete es de ser sólo más hijos de puta que ladrones, algo muy propio de la mayoría de los políticos y también de las compañías aéreas. Sin embargo, de esto no puedo echarles la culpa y no me queda más remedio que aceptarlo como tarifa especial destinada a deficientes mentales que compramos billetes para días en los que nadie nos había dicho que no se trabajaba.

LOS ASIENTOS: Cuando en el viaje de ida me subí al avión el ambiente estaba ya bastante cargado. El olor a tigre que habían ido dejando los pasajeros de los vuelos previos durante todo el día permanecía en el aire del mismo modo que las migas del pasajero anterior en mi asiento. Una vez sentado, para quitarme la camisa sin repartir codazos cual central sevillano empecé a sentirme como un mago atado con una camisa de fuerza boca abajo en una urna de cristal llena de agua. Hacía gestos que se interrumpían chocando contra tela y cuando me deshice de ella el sofoco que llevaba era considerable. Yo soy un tipo pequeño y no me gustaría ver a alguien de 1,90 m. viajando con Vueling, aunque supongo que ya tendrán previsto algún suplemento por altura. Una vez despegados intenté entretenerme con una revista de esas que sólo traen publicidad y reportajes de ciudades a donde la comopañía vuela. El problema es que los hipermétropes no vemos muy bien de cerca y en Vueling lo máximo que puedes alejar una revista hasta chocar con el asiento de delante es de unos treinta o cuarenta centímetros, así que la lectura fue una actividad descartada desde el principio.

EL COMPAÑERO: Mi compañero de al lado era un bohemio con gafas de montura al aire, pelo polla y jersey de lana gorda capaz de acalorarte en una noche siberiana. El tipo sudaba como un pollo con olor a granja de pollos, se rascaba mucho la cabeza y mostraba una gran habilidad para meterse el dedo en la nariz ambidiestramente. Cuando se agachó para coger El País de debajo del asiento se golpeó en la frente con el perchero que tenía dos palmos por encima de su rodilla, salió rebotado contra la ventanilla y fue a parar al cabecero del asiento con los ojos muy abiertos, dos hostias monumentales y una rojez que parecía que iba a explotarle un ojo. Cuando le miré con la camisa echada por encima a modo de manta como hace mi abuela, el tío volvía a explorar sus fosas nasales con virulencia alternando para salpicarme con el ejército de pulgas que irritaba su cuero cabelludo. No entiendo muy bien lo del perchero ese que te ponen en el asiento de delante porque sólo podrías colgar unos calzoncillos de slip.



LAS AZAFATAS: Las azafatas son simpáticas excepto si llevas maleta porque lo más seguro es que aunque cumpla las medidas te la tiren a la bodega y a la llegada tengas que esperar por ella en la cinta. Esto supone perder una de las grandes ventajas del Low Cost, pero es que si tu equipaje cumple las medidas y llegas de los últimos lo más seguro es que como no cabe en los huecos para maletas, tengas que viajar con el equipaje en los piés como en un bus urbano. Por esto no pagas suplemento.

EMERGENCIAS: No acabo de entender muy bien por qué en un viaje Madrid-Barcelona las azafatas de una Low-Cost no se ahorran la parte del chaleco salvavidas. Al ir con la gasolina justa lo de pasarse de frenada es imposible y para aterrizar en agua con tu chaleco salvavidas deberías de tirarte a la altura de Zaragoza y rezar para aterrizar en el Ebro.

EL PILOTO: En los dos viajes que he hecho con Vueling el Comandante siempre se ha excusado al final del viaje con los motivos del retraso. A la vuelta fue mucho más breve que a la ida, cuando empezó a pensar en alto con el micro abierto: "Vamos tarde... a ver como lo explico... han atropellado a unos animales y están limpiando la pista...". Lo mejor fue oirle decir en inglés de andar por casa lo de "animal collision" mientras la gente se descojonaba.

En fin, que si no es porque ayer fui a ver Avatar en 3D ahora mismo diría que lo de Vueling ha sido la peor experiencia que he vivido en los últimos días. De todas formas, Barcelona está muy bonito en primavera con sus perroflautas, sus pakistanís y sus guiris tomando el sol en cualquir pared. Esta vez no he visto más que el barrio de Gracia, así que lo del Tibidabo lo dejo para la próxima, que iré casi seguro en Renfe.

viernes, 5 de marzo de 2010

Empalager

Reconozco que cuando voy en transporte público y no puedo escuchar música ni leer me es complicado ignorar algunas conversaciones ajenas. La última vez a destacar viajaba en Metrosur entre dos grupos de adolescentes. Los de la derecha eran cinco o seis, vestían todos de negro y discutían acerca del ganador de una hipotética pelea entre Chuck Norris y Bruce Lee. A la izquierda, una niña en la edad del pavo le contaba a su amiga que su profe de gimnasia era un poco viejuno pero que estaba bastante bueno.

Soy consciente de que no es de recibo ir grabando conversaciones ajenas, pero debido a que represento un modelo de conducta en cualquier ámbito social, creo que no pasa nada porque me exceda en algún otro mínimamente. Además, que después de llevar diez minutos sentado delante de una petarda así es imposible no darse la vuelta y tirarle el teléfono móvil por la ventana o grabar su voz para enseñarle a la gente que los miércoles a eso de las seis de la tarde empalagator coge el autobús interurbano 442 en dirección a Madrid.

Lo he escuchado unas cuantas veces y no sé a ciencia cierta si le habla a un hijo o a un novio subnormal. A pesar de los cortes, tampoco hay nada jugoso en la conversación pero todas las putas frases las terminaba diciendo cariño, mi vida o mi alma. Habla del tiempo, de los días de la semana y de una confabulación o algo así. Cada vez que se me sienta detrás, esta tía me pone bastante nervioso con sus coletillas pastelosas.

Siempre que acabamos el trayecto me doy la vuelta para ver su careto pero nunca lo consigo. Tengo el presentimiento de que el día menos pensado su voz me sorprenderá obligándome a llevarle un café.

miércoles, 27 de enero de 2010

Oswiecim


A la media hora de estar parados en la frontera de la República Checa decidí que con las treinta páginas que me había leído de aquel "Crimen y castigo" me era suficiente para mandar a Dostoyevski a tomar por culo. Gracias a ello el tipo de al lado me dijo que si quería llegar a Auschwitz estaba tardando en bajarme de ese tren y pillar el de enfrente.

Cinco o seis horas más tarde una revisora con bastante mala hostia me despertó cantando una nana polaca. Resulta que lo que yo pensaba que era la reproducción de un vagón de prisioneros de la segunda guerra mundial era para la PKP la primera clase, así que volví a despertar al tronco de novia que tengo, nos llenamos rápidamente los bolsillos de canapés y Ferrero Rocher y salimos medio a patadas de aquel vagón de mierda para ir a la clase inferior que nos correspondía.

En nuestro nuevo compartimento, dos polacos se desayunaban medio litro de cerveza en lata por barba (each one). Cuando solté que éramos españoles, el más estupendo de ellos comenzó a hablarme de lo mucho que admiraba a Cervantes y las ganas que tenía de ir a ver un partido del Toledo al Salto del Caballo. Como es normal, del Madrid y Cristiano Ronaldo no intentó decirme nada. Empezaba a salir el sol y cuando nos bajamos en aquella estación con poca pinta calatravesca no había ni yonkis a los que preguntar en qué bus montarnos, así que decidimos ir hasta el campo de concentración andando.

El paseo eterno era exactamente lo que me imaginaba, un pueblo totalmente plano y desierto en el que si te tirabas un pedo se enteraban a tres kilómetros. La verdad es que se percibía bastante mal rollo por esas calles, nada parecido al parque de atracciones del holocausto que prometen algunos como los que han hecho el reportaje para elmundo.es. Como a esas horas no había nada abierto tenía un agujero en el estómago que sumado a no haber dormido nada me provocaba una bajona importante. A pesar de ello, llegamos a Auschwitz I los primeros y cuando nos enteramos de que la guía sólo podía ser en inglés decidimos que con leer los letrericos explicativos era suficiente además de gratis. Al rato, aquello ya estaba lleno de autobuses a reventar de gente que se pasaba la prohibición de no hacer fotos por el arco del triunfo.

Después de pegarme una buena siesta al sol esperando al autobús que lleva a Auschwitz II Birkenau, lo primero que hice allí fue encontrarme a una pareja de jubilados malagueños que había metido una tienda de campaña y dos cojones al maletero de su Corsa para plantarse en Polonia guiados por el navegador y sin saber hablar más que malagueño.

La verdad es que aquello era enorme y seguía dando bastante mal rollo: mucha barraca, final de vías férreas, alambre... y restos de todo lo de valor que los nazis les quitaban a los exterminados. Todo muy bien explicado en plan museo.

A las doce de la mañana consideramos que iba siendo la hora de dar por vistos los dos campos de concentración. Al margen de la parte siniestra, me llamó bastante la atención que a pesar de ser una visita no recomendada para menores de 12 o 13 años, allí te encontrabas a familias enteras con sus correspondientes chuqueles que se dedicaban a hacer el indio por las barracas. También predominaban de una manera importante las coronas de flores con la bandera de Italia llevadas por la gran cantidad de familias de gitanos que iban a honrar a sus antepasados allí asesinados.

Hoy hace 65 años que los rusos liberaron estos campos de concentración y por eso el 27 de enero es el día de la conmemoración del holocausto. Algunas personas me han dicho que todo aquello está pagado por los alemanes y la verdad es que no sé si será cierto pero tampoco me importa.

Cuando me preguntan sobre la visita a Auschwitz nunca sé muy bien cómo describirla, pero al igual que me ocurre con Dovstoyevski, creo que hay muy pocas posibilidades de que nos volvamos a encontrar.

domingo, 24 de enero de 2010

Bajando por Espoz y Mina hacia la Carrera de San Jerónimo


Kebab, cervecería irlandesa, óptica, chino, bar, tienda de guantes, locutorio, otro bar al lado de otro chino, chino... ¿Tienda de guantes?

Entro, no entro, entro, no entro... Venga, entro, me hago el longuis un poco y resuelvo.

- Hola.
- Hola.
- Una pregunta: ¿Sólo vende guantes?
- Sí, esto es una tienda sólo de guantes.
- ¿Y en verano también?
- Sí, todo el año.
- ¿Desde hace mucho?
- Desde hace más de un siglo.
- ¿Y se lo pregunta mucha gente?
- ¿El qué?
- Que si venden guantes todo el año.
- Pues la verdad es que no.
- ¿Y tiene guantes como estos?
- No, de esos no tenemos.

Vaya...

domingo, 13 de diciembre de 2009

Otra vez tú, CutMan...


Hoy voy a hablar de las peluquerías. Aunque a priori pueda parecer que no conozco de nada esta clase de lugares, creo que el enriquecimiento siempre es inversamente proporcional a la asiduidad con la que se visitan.

Como la última vez que tuve que ir a pedir trabajo fue hace un año, desde entonces no me tocaban unas tijeras ajenas. Hace quince días que mi sombra me convirtió en Krusty el payaso y decidí que había llegado el momento de ponerme en unas manos supuestamente expertas. Como siempre, sabía que me iba a arrepentir, pero coño, que yo lo que quiero es el bigote de Vicente del Bosque y no su silueta.

Nunca me han gustado las peluquerías. De pequeño en León cada vez que mi padre le decía al peluquero “cortito” me cagaba vivo porque cuando oía susurrar a la maquinilla sabía que iba a salir de allí con más frío del que había entrado. Eso sí, siempre mejor ir a la peluquería de caballero antes que pasar por la peluquería casera, ya que desde que a mi padre le dio por creerse Llongueras, mi hermano, la perra (Popi) y yo coleccionábamos trasquilones a cada cual más profundo: “Uy, si me he confundido y le he puesto el cabezal del 1… bueno no te preocupes hijo, que luego crece”…

En primer lugar, he de decir que las peluquerías de caballero siempre me han gustado más que las unisex. Sin embargo, desde hace unos años bajo a la de al lado de casa porque la de caballero es más cara, está más lejos y no hay quien le explique al tío ése que no quiero que me corte el pelo a raya y engominao cual falangista. Lo que echo de menos es que allí esperaba con la Man o la Interviú de Concha Velasco con cuarenta años menos, y no con la Cuore y el Hola con Concha Velasco viejuna y vestida. Además, que no entiendo porque si la peluquería es unisex sólo tiene revistas de tía, pero claro, que tampoco entiendo por qué lo llaman unisex y no bisex, si lo que se quiere decir es que vale para los dos sexos.

El caso es que la peluquería está tan cerca de casa que nunca me da tiempo a arrepentirme por el camino y cuando lo hago ya estoy esperando los veinte minutos de rigor con los secadores de fondo. Porque aunque el sitio esté desierto siempre que pregunto me dicen que tengo que esperar veinte minutos. ¿Qué la peluquera se está tocando los genitales a dos manos? Pues veinte minutos. ¿Qué la peluquera no da abasto? Pues también, veinte minutos. Y yo ahí, esperando veinte minutos que pueden ser tres cuartos de hora o lo que le de la gana a la peluquera, porque allí esperas y no haces más que oir las señales horarias de los 40 Principales. Si además esa semana está Bisbal o Alejandro Sanz en el número uno, la espera siempre será mucho más dramática.

“¿Te lavo el pelo?” me preguntan siempre... Vamos a ver, ¿es que en Formación Profesional enseñan que los verbos lavar y cortar son sinónimos? Qué pasa ¿que tengo cara de no saber lavarme el pelo? Joder, es que como si está para freir un huevo, a mí me gusta que me corten el pelo lleno de mierda para luego ya quitarme los pelos con una ducha en casa. No me resulta cómodo que me quemen la cabeza con agua hirviendo mientras se me parte el cuello contra un lavabo y que además luego me cobren por ello, así que cuanto antes me pongan la sábana de mierda esa que no sirve para nada y empiecen, mejor.

“Dos dedos, y que crezca como está”, pido sin esperanza. Y cuando la tía ya ha cortado dos dedos, pero del ancho de los de Hulk, me suelta siempre… “Huy, ¿te lo has tocado tú? Es que hay partes que está muy desigualado… lo mismo te tengo que cortar un poquito más...” Ahí estoy perdido, porque ya si que me va a cortar lo que le salga de los cojones. El resto del servicio me lo paso mirándome los pies en el espejo con cara de niño encabronado.

“Tú si te hago daño me lo dices ¿vale?”.
- Joder, haberlo dicho hace diez minutos cuando has visto que me estaba llorando el ojo izquierdo.- pienso.

“Pues sí, sí, tenías un montón de pelo, mucho más de lo que parecía” .
- Nos ha jodido, todo el que te he dicho que dejases en su sitio. Si en el suelo hay pelo para hacerle tres pelucas al Dioni... Me dan ganas de pedirle que me lo ponga en una bolsa y llevármelo para venderlo.

“Lo mismo no te venía mal un champú especial porque se ve que tienes el cuero cabelludo muy sensible”.
- Ya, y una mascarilla de esas y hasta un alisado en el pelo de los huevos. Sensible tengo ahora mismo el carácter...

Pero la frase que más me gusta es: “Mira, ahora estás mucho mejor, si los chicos estáis mucho más guapos con el pelo cortito”… Ahí es cuando miro a la tía, con su pelo de colores quemado por los doscientos tintes que se ha echado desde la fiesta de nochevieja y me imagino a su novio, un pedazo de poquero con piercings de oro por todas partes y con un cenicero en la cabeza. Cortito, dice. Maldita peluquera…

- ¿Cómo quieres que te peine?.- Ya empezamos, pienso.
– No, no te preocupes, si yo voy sin peinar…
- Pero hombre, ya que has venido, te puedo peinar como quieras.- Insiste.
- No de verdad, si voy directo a casa...
- Que sí hombre…- Y entonces es cuando empieza a atusarme el pelo como intentando dar forma al crimen.

Cuando ya he conseguido apartar esas manos de mi cabeza y pago, me voy andando rápido a casa y me meto a la ducha. Todo para que cuando creo que empiezo a acostumbrarme a mi nueva imagen me encuentre al cabrón del Tapia y me diga que parece que llevo un casco en la cabeza.

Hasta el año que viene no vuelvo. Tengo doce meses por delante para amortizar los diez euros que me ha costado el mal rato.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Viena, Freud y Ernst Happel


Lo más extraño que me pasó en Viena sucedió a la media hora de bajarme del tren y Rex no llegó a tiempo para impedirlo.

Unas adolescentes mudas se regalaban hostias como panes en el vestíbulo del metro y el único ruido que generaban era el sonido de éstas. Hubo de todo, desde los clásicos tirones de pelo y patadas en la boca del estómago hasta empujones escaleras abajo. Debían acordarse de sus respectivas madres mediante gestos y traté de tomar buena nota porque lo primero que ha de aprender un extranjero al llegar a un país es la forma de insultar de sus habitantes. No había presenciado nunca hecho similar entre todas las peleas que he visto y grabado en mi vida, que son unas cuantas, así que estuve un buen ratico ahí delante viendo el percal a sabiendas de que no iba a tener muchas oportunidades de ver peleas de mudos si esto me pasa cada 23 años. La verdad es que me resultó muy enriquecedor el cambio de registro al estar acostumbrado a la típica bronca de gariteo con improperios de viva voz.

Tiempo después me he planteado que si tras estar sólo media hora en Viena presencié algo así, Sigmund Freud tuvo que ver un montón de peleas de discapacitados en su vida. Como no soy psicoanalista, no tengo ni idea de por qué esas chiquillas se calentaban el hocico, pero estoy seguro de que Sigmund pensaría que todos esos mudos estaban reprimidos, que lo que tenían que haber hecho era tirarse unos cuantos pedos delante de su jefe, meterse el dedo en el culo para liberar su sexualidad y así no expresarse violentamente. Olé los cojones de Freud.

Ernst Happel diría que le importa una mierda todo esto, pero que tenemos una Selección de puta madre que le ha dado un baño a Austria en el estadio que lleva su nombre.

martes, 3 de noviembre de 2009

Penúltima parada en Cagliari

Hace una semana a estas horas a los del Alcorcón no les salía el pis. Hace una semana a estas horas también pensaba que hoy se cumpliría un año exacto desde que volví de Nueva York. Allí en la capital del mundo lo pasé muy bien y creo que es uno de los pocos lugares a los que tengo pensado volver. En cuanto mi reciente viaje a Cerdeña, creo que a no ser que un meteorito destruya todas las ciudades del planeta a excepción de Avilés y Valencia, Cagliari nunca será la capital más bella del mundo. Sin embargo, aquí también tengo pensado volver aunque sea en otra visita de metesaca (por su brevedad). A Cagliari, digo.

En primer lugar, debo agradecer a la Señora Josefina los bollos preñaos que me envió por acoger a su hijo el basurero en casa durante la noche antes del viaje. A miles de metros del suelo y encerrados en el avión, el olor del chorizo se hizo intenso y mi olfato disfrutó tanto como mi paladar. El resto de pasajeros creo que también probó los bollos de alguna forma menos satisfactoria, pero esto es algo que nunca nos importó.

Ya entrando en materia, habría que señalar que aunque a Jaime nunca se le dieron bien los idiomas, teniendo en cuenta que el italiano es casi igual que el español y que el hombre lleva mes y medio allí, no hay excusa para que en sus ejercicios de aprendizaje siga españolizando la palabra “chao” después de revisarlos varias veces. Enfrentándonos a este traductor que proclama “querer recargare diez euros” cuando pone los testículos en las tiendas de telefonía móvil, cualquier intención de que nos ilustrase acerca del sardo se vino abajo nada más ser conscientes de que además, en el lugar, él y su compañero Fernando ya son una especie de mito por haberse cocido a tope veintiuna noches seguidas, tener una casa a la que todo el mundo conoce como meeting point Erasmus y ostentar otra serie de récords que van de la mano con los dos datos anteriores.

Como Jaime no había pisado apenas la facultad por razones obvias, el día anterior a nuestra llegada se enteró de que tenía que hacer dos exámenes seguidos a la hora que llegábamos, así que no pudo venir a recogernos y nos envió a un colega por dudar de nuestra capacidad para hallar su domicilio. Este colega tampoco pudo presentarse, así que al final tres españolas en calidad de amigas del amigo de un amigo vinieron a hacernos compañía hasta que el anfitrión hizo su aparición para ir a comprar mantas y provisiones para el primer paseo nocturno.

A lo largo de los cinco días siguientes han pasado cosas que uno no debe de contar para respetar la privacidad de los protagonistas, así que me veo obligado a evitar las partes en las que aparezcan acciones incívicas, referencias a pitos, violencia gratuita y vida nocturna en general porque todo eso ya lo contaré cuando me vaya de la lengua en vivo y en directo.

Vamos, que entre risotás catamos el mediterráneo y el sur de la isla en general, presenciamos el Cagliari 3 - Atalanta 0, les dije a todos los espaguetis con los que hablé que su país es una república bananera y nos volvimos con un italiano mucho más fluido que el del anfitrión. Todo esto, no sin antes recordarle que en cuanto nos recuperemos compraremos un billete de avión tirao de precio y nos presentaremos allí sin avisar. Esta vez no hará falta enviar a nadie a recogernos porque el olor de la sartén empantanada con la que dormíamos en la cocina nos guiará desde la estación a casa aunque no nos acordemos del camino. Si alguno de los compañeros ha perdido la guerra psicológica y la ha fregado, preguntaremos a algún Carabinieri porque estoy seguro de que la policía ya habrá tenido que volver a la casa de Fernando de Dios y Jaime la… Álvarez Fernández, hijo de Begoña celadora.

Sobra agradecer a Jaime y Fernando el habernos acogido como si aquello fuese la versión italiana del juerguero recreativo mansillés.

jueves, 8 de octubre de 2009

Una bienvenida inesperada

“Clon” es el sonido exacto que hace un vaso de medio litro al estrellarse contra un cráneo humano. Esto es algo que nunca había oído hasta dos horas después de aterrizar en Dublín, y aunque no esperaba vivir una bronca irlandesa hasta que la noche hubiese avanzado un poco, como bienvenida fue bastante original...

Nada más soltar el primer “wha, güe…whawahawha… men?”, el taxista Mr. John Kelly nos demostró que el acento gaélico de la clase media baja dublinesa iba a ser indescifrable para nuestro inglés de bachillerato con seis años sin contacto de por medio. A pesar de ello, la conversación pareció fluir mínimamente cuando le indicamos la dirección del funesto Paddy´s Palace, lugar elegido para la pernoctación durante nuestra estancia.

Acostumbrados al “tonto el último” de Ryanair, los buenos de mis amigos me concedieron el honor de viajar como copiloto y así practicar un poco el idioma. Por el camino, DJ Kelly nos brindó una sesión de Dance maquinero a un volumen que impedía toda comunicación con los pasajeros de atrás, así que hasta que no conseguí explicarle que mi inglés era una basura y que no le estaba entendiendo una mierda el tipo no dejó de hacerme preguntas que en su mayoría se estaban quedando huérfanas de respuesta. Eso sí, cuando preguntó si la música sonaba demasiado alta todos coincidimos en afirmar que estaba perfecta.

Media hora después de esto, ya estaba enseñando el DNI a un portero del este europeo que se mordía el labio inferior a punto de golpear a un borracho irlandés tocapelotas. Tras entrar y ser pisoteados por todos los cuarentones ebrios del local, decidimos apurar nuestra primera Guiness y huir hacia otro lugar más de nuestro gusto y edad.

En el segundo y último bar de la noche todo parecía más gambitero. Shakira lo partía, la gente se cocía a conciencia y los italianos ejercían de crupiers repartiendo fichas a todo lo que se movía. Sin embargo, había sido un español con pinta de empollón el conquistador que nos sorprendió dándose el lotazo con un travestido en la barra del garito. Instantes después, cuando nos acercamos a por la última cerveza de la noche, el chaval ya vagaba solitario por la pista de baile con la mirada fija en el suelo como si se hubiese dado cuenta de algo inesperado.

Para nosotros, no sólo fue una sorpresa descubrir que el acompañante invertido no sólo no había desaparecido, sino que a pocos metros discutía acaloradamente con una hembra autóctona poco sobria. Pasado un momento, mientras nos aclarábamos con la terminología para hablar con los camareros (lager y dark) comenzó el espectáculo. Los vasos volaban, la gente gritaba y la sangre empezaba a correr, así que cogí mis dos cervezas, dejé a Manuel disfrutar de la pelea en primera línea y crucé la pista escuchando cristales romper contra el suelo. Sin que ningún charco de sangre fuese finalmente nuestro, el baile había concluido y esto fue la excusa para comentar la jugada con unos españoles que nos invitaron a pasar el resto de la noche en su casa.

Como de primeras no somos muy gorrones, pagamos quince eurazos por un par de botellas del tinto que un chinegro nos vendió para deleitar nuestros paladares con la lamentable cosecha sudafricana del 2009. Sin embargo, a pesar de ser el peor vino sudafricano que he probado en mi vida, los anfitriones debieron pasar por alto el detalle de la mala calidad de nuestra aportación y terminaron por invitarnos a la fiesta que tendría lugar en aquella casa durante la inesperada madrugada siguiente.

martes, 11 de agosto de 2009

Un año más: El anti-aseo en Ribadesella

Creo que con el último párrafo de mi relato sobre Ribadesella 2009 ya se puede hacer uno a la idea de lo que ha sido el fin de semana. Ahí lo dejo…

"Sin embargo, la buena compañía y el alcohol hacen que te adaptes a cualquier situación y por muy asquerosa que resulte, olvidamos nuestras penurias higiénicas como pudimos a base de cerveza, mus y playa. Adherido a mi camiseta naranja para pasar el día, salir de fiesta y dormir, he pasado un fin de semana bastante decente. Este año me he lavado los dientes mucho más que el año pasado, pero lo de haber ido a cagar a esos baños cerca de 10 veces en tres días en chanclas y con los pies llenos de heridas me hace pensar que vuelvo a llevar algo dentro de mí que no tardará en tenerme a base de pastillas otro invierno."