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sábado, 25 de diciembre de 2010

Pony Collection


Cuando en el hospital le cortaron sus pulseras de conchas oropesianas y la cinta con la bandera de España para escayolarle, casi le da algo.

Al descubrir que la clase media estaba empezando a aficionarse al pádel, Borja había perdido los papeles y se había liado a golpes contra uno de los lavabos del vestuario del club de hípica hasta partirse varios huesos de su muñeca izquierda. Para más inri, hacía sólo unos minutos que acababa de descubrir que el color de piel del novio de su hermana Cuca, Guasinton, no era de rayos UVA, sino que descendía de una pura estirpe de dominicanos kings.

Un visionario ejecutivo de Ralph Lauren les vio juntos saliendo del hospital y decidió que incluyendo a semidiscapacitados y a gente de color en sus campañas podrían ampliar su público y vender alguna prenda más, por lo que próximamente aflorarán outlets de la marca en barrios bajos y centros médicos.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Cochienvidia

Amaya: Hola Marcos, ¿sigues sin querer lotería?

Marcos: No, muchas gracias, no confío en mi suerte...

Amaya: ¿Pero seguro que no vas a comprar?

Marcos: No, no, de verdad. No quiero gafar a toda la empresa.

Amaya: ¿Ni compartido con otra persona?

Marcos: Bah, no, Amaya, si es que nunca he comprado yo cosas de estas, como mucho echar la quiniela pero ya ni eso.

Amaya: Hombre Marcos, tú verás, pero imáginate que nos toca a todos menos a ti...

Vale, puedes no haber confiado en tu suerte nunca, pero cuando apelan a la envidia ya es otra cosa, una gran técnica. Creo que al final lo hice simplemente para dejar de imaginarme ese futuro 22 de diciembre descorchador de champagne en el que me hacía cada vez más pequeño detrás del monitor de mi ordenador.

¡Este año no!

domingo, 28 de noviembre de 2010

El final de mi meteórica carrera en el mundo de la publicidad

Mañana es un día muy especial. Mr. Young, el CEO mundial del sitio donde trabajo, se presentará en nuestras oficinas para hacer una visitilla a la tropa que echamos ahí dentro las semanas. En el mail que nos lo anunciaba se decía que saludaría a todos y charlaría con los empleados un poquito, así que esto me lo imagino como cuando el rey va dando la mano al pueblo llano moviendo los labios, ése tipo de conversación muda en que seguro cuenta siempre el mismo chiste para parecer campechano y pasa al siguiente tipo cuando su interlocutor le pregunta por Bárbara Rey.

A Mr. Young habrá que hablarle en inglés, así que si no me da tiempo a esconderme en el baño tendré que rezar para que el tío pase de largo cual Mister Marshall. De lo contrario, me lo tendré que jugar todo a la improvisación y podría suceder algo así:

-Mr.Young: How are you?

-Yo: Yes.

-Mr. Young: Nice to meet you.

-Yo: Yes.

-Mr.Young: Oh, Marcos, your english is perfect.

-Yo: Yes.

-Mr.Young: ¿Por qué, criatura, tienes la mesa llena de kleenex usados?

-Yo: Verá señor joven, es una técnica clásica de reciclaje de papel. Se deja en barbecho sábado y domingo el acumulado de mocos de toda la semana y cuando uno llega el lunes, al estar completamente secos pues se puede desplegar el pañuelo para reutilizarlo. Aunque pierde alguna que otra capa y rasca un poco la nariz sigue siendo válido para sonarse, sobre todo a partir del día 15 cuando a los becarios no nos llega la paga para kleenex y nos ayuda mucho para no tener que pasarnos la lengua por el bigote recogiendo el salao.

-Mr.Young: Oh, my god. Echen a éste cerdo de aquí. (A su séquito) Apliquen su técnica a los retretes de todas nuestras oficinas, hay mucho cagón y el consumo de papel higiénico es insostenible. Y bajen el aire acondicionado, joder.

martes, 19 de octubre de 2010

Mi primer contacto con el mundo del artisteo

Ayer conocí a Luis Tosar y al final no pudimos hacernos amigos. Estábamos en el Teatro Lara por un tema de trabajo y recuerdo que había un catering muy raro en el que se comían cosas con cuchara, carpaccio y pollo recalentado con pinta de haber estado escoltado por chinos en un contenedor más de una noche. Reproduzco a continuación el extracto de conversación que alcanzo a recordar:

-Hola Luis.
-Hola, ¿Qué tal?
-Pues...regular, ¿te puedo hacer una pregunta?
-Claro, mientras que sea de trabajo... porque de mi vida personal no hablo.
-Bueno no te pongas así Javierbardem, si ni siquiera voy a preguntarte por tu exitosa carrera musical con The Ellas.
-Pues dispara.
-¿Le sigues calentando el hocico a tu mujer?
-¿Perdón?
-Venga Luis, no te hagas el longuis, pero si has salido hasta por la tele dándole ahí fuerte y flojo.
-A ver cómo te explico una cosa...
-Ya, ya, si se que me vas a decir que la pegas porque la quieres, que te duele más a ti que a ella...

Antes de que me echasen a patadas del teatro sólo me dio tiempo a pedirle que para amenazarme pusiese voz de Malamadre, que me hacía mucha ilusión.

Luego, sentado en la acera recapacitando con dos pelotas de papel higiénico dándome de sí los agujeros de la nariz, vi pasar a una abuela agarrada a un prodigio de la ciencia. Creo que tras el bastón-banqueta sólo queda inventar el teletransportador y el mundo será perfecto.

lunes, 1 de marzo de 2010

Lunes de mierda en pretérito ficticio

Harto de no poder perder minutos de trabajo consumiendo cafés o cigarros en la puerta de la oficina como hace todo el mundo, había decidido renunciar al título de empleado de la semana visitando el primer bar de mierda que me encontrase por la zona. Las personas no adictas a este tipo de sustancias también tenemos derecho a ganarnos el sueldo a la española y después de que mi jefa me pillase buscando en Youtube “John Cobra comerrme la polla” había pensado que lo mejor era hacer el imbécil sin que la tía que me contrató se arrepintiese de haberlo hecho a los tres días de empezar a explotarme.

Pasado un rato estaba en la barra de un chigre lleno de humo con un batido de chocolate mirando a un viejo con pinta de ludópata al que parecían habérsele acabado las monedas para la tragaperras. Un chino le miraba al borde de una silla y me di cuenta de que se iba a tirar a por la máquina. Hacía pocos días que había visto un reportaje sobre como los asiáticos identifican los sonidos de las tragaperras cuando van a tocar y pensé que había que ser muy idiota para dejar pasar la oportunidad.

Cuando el viejo se fue al cajero tomé la delantera y con una gran maniobra me interpuse entre el chinorris y la máquina. El aparato estaba caliente, yo tenía el bolsillo lleno con toda la chatarra del fin de semana y empecé a soñar con no volver al trabajo. Sin embargo, sólo después de echar el primer euro me acordé de que no tengo ni zorra de jugar a las tragaperras, así que empecé a dar manotazos a todos los botones buscando que coincidiesen las cerezas, las sandías o la puta fruta que fuese. Eché todas las monedas que llevaba mientras el chino me observaba agonizar en mi propia ruina. Al final, me retiré cabizbajo y vi como el oriental, en vez de ir a la máquina como yo pensaba, se acercaba a la barra y pagaba su cuenta. Nada más irse el asiático, el viejo que había calentado la máquina traspasó la cortina de humo de la puerta a modo de Lluvia de Estrellas y siguió echando monedas. Allí no tocaba nada y volví a la barra para acabarme el batido. El hielo se había derretido y para llegar al chocolate tenía que beberme el medio vaso de agua mal mezclado que ahora tenía encima. Me revienta que le echen hielo al batido.

Estaba considerablemente cabreado pensando en que la situación se me había ido bastante de las manos. Para más inri, al acercarme al barman con la intención de pagar me di cuenta de que me había gastado todo el dinero en la maldita tragaperras. Cuando le dije al camarero que iba al cajero a sacar dinero me respondió que el chino ya había pagado mi bebida y se me debió de quedar una cara de gilipollas bastante reconocible. ¿Me había invitado por joderle la partida? Qué tío más elegante, joder.