miércoles, 20 de octubre de 2010

Capítulo I de economía doméstica: El hurto como figura impositiva

Dice hoy la tele que España registra un índice de robos mayor que la media europea. La diferencia va del 1,29% del íncide de pérdidas de la Unión al 1,30% de incidencia que el hurto tiene sobre las ventas en España. La conclusión en el telediario de Antena 3 es que esto le cuesta a cada español unos 74 euros anuales y que los precios se incrementan por el etiquetado y la protección. La conclusión a la que llego yo es que no me parece muy escandalosa la cifra y que teniendo en cuenta que los españoles roban mucho más cuando salen fuera, no quiero imaginarme lo que sería la diferencia de pérdidas por robos con países de centroeuropa si fuésemos nosotros quienes veraneasen en su tierra. Además, que dicen que por culpa de los robos se incrementan los precios pero no creo yo que si el año que viene la gente deja de comer patatas fritas mientras pasea por los pasillos del Carrefour vayamos a pagar menos.

Otra cosa que me pregunto es si en estos datos se contabiliza también todo lo que roban los políticos de turno o sólo el robo tipo "melometobajoelrefajo". Dicen que ahora se empieza a robar más porque con el invierno la gente lleva más ropa y camufla mejor los bienes sustraídos (novedad,) que los rusos son los que más roban y también que uno de los bienes más robados es el jamón serrano envasado al vacío, no para la ingesta sino para la venta en el mercado negro (¿?).

Lo siguiente que me pasa por la cabeza es que si esto me cuesta 74 euros al año, lo suyo sería amortizarlos si no llegas. Es decir, creo que lo justo sería hacer anualmente una especie de declaración de la renta y según lo que hayas robado, pues que te salga a pagar o a devolver. Eso sí, si has robado en Francia, por ejemplo, que haya beneficios fiscales y si te has pasado robando en países más decentes como Suiza, pues que marques la casilla de la iglesia o la social y les abones la diferencia de los 74 euros.

Yo este año habría estado flojo. Sólo me he llevado un imán para la nevera en una tienda de souvenirs italiana y no contabiliza por ser fuera de España, así que a partir de mañana empezaré a visitar el súper para vender jamón por eBay si la Administración Central no incorpora la declaración de hurto al sistema de declaración de rentas.

Un par de consejos para todos los que se tomen la justicia por su mano: Lo de envolver objetos en papel Albal no funciona y meter la Playstation en una caja de Ariel en polvo tampoco. Lo suyo es agarrar dos cajas de 24 latas de cerveza y dejar una en la parte de abajo del carro a la que pasas por la caja. Yo no lo he hecho, pero como lo de la Play... me lo han contao.

martes, 19 de octubre de 2010

Mi primer contacto con el mundo del artisteo

Ayer conocí a Luis Tosar y al final no pudimos hacernos amigos. Estábamos en el Teatro Lara por un tema de trabajo y recuerdo que había un catering muy raro en el que se comían cosas con cuchara, carpaccio y pollo recalentado con pinta de haber estado escoltado por chinos en un contenedor más de una noche. Reproduzco a continuación el extracto de conversación que alcanzo a recordar:

-Hola Luis.
-Hola, ¿Qué tal?
-Pues...regular, ¿te puedo hacer una pregunta?
-Claro, mientras que sea de trabajo... porque de mi vida personal no hablo.
-Bueno no te pongas así Javierbardem, si ni siquiera voy a preguntarte por tu exitosa carrera musical con The Ellas.
-Pues dispara.
-¿Le sigues calentando el hocico a tu mujer?
-¿Perdón?
-Venga Luis, no te hagas el longuis, pero si has salido hasta por la tele dándole ahí fuerte y flojo.
-A ver cómo te explico una cosa...
-Ya, ya, si se que me vas a decir que la pegas porque la quieres, que te duele más a ti que a ella...

Antes de que me echasen a patadas del teatro sólo me dio tiempo a pedirle que para amenazarme pusiese voz de Malamadre, que me hacía mucha ilusión.

Luego, sentado en la acera recapacitando con dos pelotas de papel higiénico dándome de sí los agujeros de la nariz, vi pasar a una abuela agarrada a un prodigio de la ciencia. Creo que tras el bastón-banqueta sólo queda inventar el teletransportador y el mundo será perfecto.

viernes, 15 de octubre de 2010

Más biopic. Hoy: J

Aunque J le insistió a su madre con que no era necesario llevarse aquel tupperware gigante lleno de lentejas a la excursión, acabó subiéndolo al barco para que le dejase en paz. Este trasto, junto con el kit del camping gas sin estrenar que la mujer le había comprado cuando se fue a la mili, confirmó a todos los asistentes que J era gilipollas y que otra tarde más volvería a ser objeto de mofa. Se encontraban en pleno veranillo de San Miguel y visto que el calor del sol daba sus últimos coletazos, todos los amigotes habían decidido aprovechar el día juntos saliendo a surcar el Mediterráneo para echarse unos canutillos en alta mar.

Entre risas y humillaciones varias fueron recordando anécdotas y orcos con los que cada uno se había rebozado en noches para el olvido. La cerveza comenzaba a estar más caliente que fría y el vino llevaba un rato poniéndose cabezón.

En un momento en que el sol pegaba como si no hubiera mañana, la tropa comenzó a tirarse al agua para espantar la caraja mientras un J rezagado y marginal enredaba a bordo con el camping gas. Él era el último y tenía que quedarse en el barco para echar la escalera, pero la euforia colectiva le jugó una mala pasada y acabó tirándose al agua sin pensar en cómo subirían más tarde. Por suerte, la escalera ya estaba puesta y todos pudieron volver al barco sin dar motivos a Antena 3 para realizar una mini serie basada en hechos reales. Eso sí, a J le cayó una buena mano de collejas.

Una vez llegó el típico agujero estomacal de las seis de la tarde tras unas cuantas horas machacando el hígado sin haber probado bocado, las lentejas de la madre de J empezaron a ser demandadas por los tripulantes hambrientos y éste volvió al timón del camping gas. Al final resultó que el aparato funcionaba a las mil maravillas, pero el hecho de que el manjar llevase al sol todo el día supuso que lo que no iba a ser ya una digestión idílica por el vino soleado, fuese una catástrofe ecológica en forma de chapapote debido a que el barco no estaba provisto de baño y los tripulantes iban lanzándose al agua para evacuar las lentejas.

Pasado un rato, visto que los estómagos no estaban ya para muchos trotes, comenzaron a circular los psicotrópicos. Como J nunca había sido amante de este tipo de sustancias, sacó a pasear unos puritos de vainilla que fumaba desde que había comenzado a estudiar periodismo y de los que sus compañeros de jarana se cachondeaban bastante. Entre risotadas, un colega terminó introduciendo superficialmente un purito en su cavidad anal y le prometió a J que si se lo encendía en tan incómodo lugar no volvería a meterse con sus gafas de pasta ni con su manía de llevar parte de arriba del bikini. J aceptó, pero el que las lentejas de su madre provocasen una flatulencia infernal sumado al hecho de que se había dejado el gas abierto hizo explotar el fuego del mechero y que la llamarada de la reacción le organizase en la cara un cristo de cuidado. Cuando por fin llegaron al hospital no se pudo hacer mucho.

Años después, J se empadronó en Madrid porque había oído a Gallardón prometer que en su legislatura terminaría con todas las obras de la ciudad. Consiguió que incluyese su cara en un plan de restauración, pero a día de hoy se le sigue viendo con un relieve lunar importante en el rostro y a la legislatura sólo le quedan unos meses.


En la imagen, un J ingenuo posa instantes antes de la tragedia

domingo, 3 de octubre de 2010

El Pesetrucha (Troutaxi)

Hace dos semanas se cumplió un año del rocambolesco episodio dado en el contexto de una carrera de taxi Fuenlabrada-Madrid a treinta y tantos euros tras haber realizado una completa ruta por casi todas las autopistas de ésta nuestra Comunidad. Desde entonces, mi relación con los taxistas ha sido tan mala como la de mi hermano, destacado autor de la frase "no te vamos a dar un puto duro y además, Suárez, en mi lista de cuatro tasistas tu eres el quinto".

El jueves volvía a casa un tanto azufrado tras haberme reconciliado con el gremio. Había pagado 12 euros de taxi para dormir media hora más debido al estrecho margen de sueño con el que contaba, ya que el despertador sonaría a las ocho para ir a trabajar. Mientras llegaba al portal de casa analizando el negror de mis manos provocado por una reveladora exhibición de break dance en mi fiesta de graduación, en la otra acera un taxista asomó medio cuerpo por la ventanilla y me requirió a voces. Como podía estar asfixiándose por haberse quedado encajado en el hueco debido a su tripa prominente, acudí raudo a su llamada con el objetivo de solventar sus dudas o, en caso necesario, rescatarle.

Resultó que el hombre me preguntaba por una de las calles más conocidas del barrio, algo que de primeras me tenía que haber parecido raro de no estar pensando con una réplica del cerebro de Leticia Sabater. Al final, con un poco de esfuerzo, conseguí guiarle y cuando por fin terminé le tuve que repetir de nuevo todo porque no se había enterado de nada.

El tipo me debió de parecer un poco disperso y después de declinar un par de invitaciones que me aconsejaban subir a su taxi "para que no me atropellasen", empecé a ver que el viejo me estaba pasando revista con la mirada un poco traviesa. Con éstas, tomé la decisión de recular haciendo el Markiswalker visto que la cosa pintaba rosa y cuando el tipo notó que volvía a la acera de la que nunca debí salir, sacó a pasear una sonrisa de lo más pícara y decidió significarse con lo que creo que intentó ser un guiño: "Anda tonto, sube... si vas borrachito..." dijo el hombre, de unos cincuenta y tantos años y con pinta de padre de familia.

Cuando tres horas después recuperé el habla a la que me tiraba de la cama para levantar España, recordé haber doblado la esquina para vigilar hasta que aquel pesetrucha se largó arrancando su templo del vicio con carcasa de Skoda. No quería que tomase nota de mi portal y ahora, cada vez que vuelve a mi mente la palabra "borrachito" no puedo evitar sentirme sucio.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Jimmy, el skater

Dentro de tres días se cumplirán cuatro años desde que Manuel Jove, empresario gallego de gran éxito, vendiera las acciones de su constructora Fadesa a Fernando Martín, recordado por haberse empeñado en pasar a la historia como el presidente más irrisorio del Real Madrid. Al poco tiempo de pegársela con el fútbol, la crisis crujió a éste pucelano que también pasará a la posteridad como el responsable de una de las suspensiones de pagos más grandes de todos los tiempos en España.

Hoy tenemos a otro tipo que se la ha pegado al poco de comprar un negocio, aunque de un modo un tanto diferente al de Fernando con Martinsa-Fadesa. Se llama Jimmy Helselden, compró en enero la empresa responsable de los no muy exitosos patinetes eléctricos Segway, y al parecer una caída tonta probando uno de sus prototipos le ha llevado al hoyo.

Hasta aquí la actualidad de hoy. Me han dicho en el trabajo no se qué de que la ONU está moviendo lo de establecer un embajador interplanetario pero no encuentro suficiente información en Google que garantice unas fuentes fiables que se ajusten al rigor con el que se tratan los temas en este blog y no voy a empezar a basarme en chismorreos de retrete.

Como no quiero hacer mucha sangre con la noticia del fallecimiento del Señor Heselden ni cebarme con el invento, distraigamos la atención de los lectores con un fotomontaje que he hecho de Sergio Ramos con pechos para comprobar mi progreso con el Paint.


Descanse en paz.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Pelaya y Covadongo, un amor maloliente

Pelaya Caleya se crió en el mismo pueblo donde los Flowers veraneaban hasta que el lugar empezó a oler a pis. Su padre, Pelayu, había decidido retirarse del piragüismo tras haber sido acusado de tongo en su última carrera por un tema de kamikacismo contra el aspirante, que le pisaba los talones a unos metros de la meta en Ribademierda. La muerte del hombre bala había impedido que los hechos se aclarasen y Pelayu había tenido que tirar con su ya no tan excelente reputación hasta la frontera en Ribadeo, Lugo, donde sin cambiar mucho de aires podría tener el retiro dorado con el que siempre soñó.

Pelaya había nacido resultado de un mertesacker fortuito de Pelayu con una admiradora conquistada una noche de las fiestas patronales en la cola del pulpo. Tal y como hiciera años después Cristiano Ronaldo, el señor Caleya había decidido pagar a la muchacha un dinerillo para mantenerla en el anonimato, librándose de ella y asumiendo la educación de su hija como un single responsable en familia monoparental.

Pero la adaptación de Pelaya a Ribadeo no fue precisamente un camino de rosas. La chica era zurda cerrada y el hecho de que se confundiese contínuamente haciendo la señal de la cruz le hizo repetir catequesis hasta los diecisiete años. Esto le alejó bastante de la fauna contemporánea y además, no acababa de cogerle el tranquillo a la gaita. Por este motivo, el cura del pueblo, un sacerdote moderno muy implicado en que los niños desarrollasen habilidades manuales, se empeñó en que la chiquilla practicase con el instrumento después de catequesis hasta que dejó de repetir curso. El puso la teoría y el material hasta que un día la niña se emocionó con el fa, marcó la gaita con los dientes y el cura decidió darle su primera oblea con la mano derecha.

Visto que la muchacha no apuntaba maneras de monja, Pelayu andaba mosqueado porque no le hacía ilusión que la niña se echase precozmente un novio gallego. Siempre había desconfiado de esta clase de occidentales y además le daba miedo que el tipo no continuase la saga asturiana negándose a llamar a su nieto Pelayo.

La situación era complicada y para tener vigilada a Pelaya, Caleya Senior intentó aficionarla a sus hobbies con el objetivo estar unidos, pero la chica se pudría pescando y empezó a llevársela a Rinlo a la captura furtiva de percebes. El caso es que aunque al principio Pelaya no le ponía mucho ímpetu, poco a poco los dos fueron descubriendo que la gran destreza que la chica había desarrollado con sus manos después de pasarse media vida en poscatequesis, venía fenomenal para limpiar la zona de bichos. Al final de cada jornada, una vez capturado el botín, su padre le hacía esconderse el género bajo la ropa interior para escapar de los percebeiros oficiales, con muy mala hostia y un acento así como entre asturiano y portugués muy jodido de entender.

Padre e hija pasaron así de unidos una temporada larga, pero el hecho de que la chica no tuviese ningún amigo hacía que su padre se sintiese un poco corrupto. Veía como las chiquillas del pueblo se refregaban con futuros traficantes de droga y como tampoco quería que a la muchacha se le acabase pasando el arroz, empezó a abrir la mano. Meses después, la chica ya había hecho pandilla y tenía algo de vida alejada de su padre. Sin embargo, no sabía si porque no dominaba el idioma o porque tocaba la gaita con demasiada intensidad, la muchacha no acertaba a arrejuntarse con ningún mozo de la zona, por lo que acabó quedándose sola de nuevo.

Fue entonces cuando Pelayu decidió encarar la situación y hablar a cara de perro con su hija. Era evidente que algo en todo este asunto olía mal, y sus sospechas se confirmaron cuando la muchacha le explicó que sus pretendientes siempre terminaban huyendo de ella en el momento en que pasaban de los primeros acordes de la gaita al exploramiento genital recíproco. Al parecer, el fuerte olor que desprendía Pelaya después de años utilizando sus bajos como almacén de marisco, espantaba a cualquier ser vivo con un mínimo de olfato que pudiese intoxicarse con la lonja caduca que la chica llevaba en la entrepierna.

Y así pasaron años hasta que una tarde bastante fea, Pelaya conoció a un tipo igual de feo y asturiano llamado Covadongo Otero. A su madre, Covadonga, se le había puesto en los huevos continuar la saga familiar del mismo modo que a los Caleya y había bautizado a su hijo con un nombre que no le traería pocas tollinas cada vez que el maestro pasaba lista. Covadongo tampoco había sido nunca el más listo de la clase, escupía bastante al hablar y mostraba poca destreza vocalizando, sobre todo con las emes y las enes, que se le atragantaban especialmente. Sin embargo, era muy cariñoso y las vegetaciones que tenía en las fosas nasales hacían que hasta la flatulencia sufrida por Pelayu Caleya, fruto de machacar su estómago a base de nostálgica fabada un día sí y un día no, le pasase desapercibida.

La cosa fue a más y los dos marginales terminaron pasando por el altar en una iglesia asturiana perdida en el monte que años después adquiriría en subasta Woody Allen, un enamorado de la tierra. Con su olor a pescado muerto, la pareja pasó un tiempo feliz hasta que llegó el momento de alumbrar al primer heredero de la dinastía Otero-Caleya. Covadongo o Pelayo, era la cuestión.

Al final ninguna de las partes cedió y acordaron llamar al niño David, un nombre de moda por aquel entonces y que la pareja asociaba a sus ídolos musicales, Bowie y Summers. Añadir que el parto fue sencillo para la madre, pero la mitad de la plantilla médica que la atendió cayo desmayada por la peste que salía de aquella fosa genital y Covadongo se agarró una llorera de espanto, no tanto por la emoción sino porque sus ojos no pudieron permanecer inmunes en el paritorio ante tal hedor nuclear.

Por tanto, debido a las circunstancias que rodearon el alumbramiendo, es evidente que el niño no salió oliendo a Sport Man. El chaval cantaba a trucha muerta que tiraba para atrás y aunque le tuvieron flotando en una bañera llena de jabón Magno con friegas constantes durante mes y medio no hubo nada que hacer. David fue creciendo acompañado por su amigo mocoso Ebilio mientras en el pueblo se le empezó a conocer como "el pescao".

Al final el chaval salió medio sano y rechazó aficionarse a la gaita como le recomendó su madre, prefiriendo la guitarra. Ejerció la maniobra del feo de moda dejándose el pelo largo y barba a lo Santi Millán para que nadie pudiese verle el careto y montó un grupo de música con un primo suyo bastante gilipollas, que al igual que su padre tenía problemas de pronunciación y era un pregordo chulesco madrileño.

Tuvieron mucho éxito y aún suenan bastante en los 40 Principales. Hace poco "El pescao" ha sacado disco en solitario en una vuelta a sus orígenes que le ha hecho retomar el nombre que le hizo ser el tipo más apestado de su pueblo.

domingo, 12 de septiembre de 2010

El pavo real

Hoy es domingo y me he levantado casi a las dos de la tarde. Como haga lo que haga no me voy a dormir antes de las tres, mirar fotos del Facebook para ver lo bien que se lo ha pasado la gente el finde era una solución razonable hasta que me he encontrado esto:


El Pavo Real es una práctica que podía haber descrito con palabras en cualquier otro capítulo de Guarrerías a Priori, pero entiendo que la imagen tiene un poder de impacto mayor que un discurso con instrucciones sobre cómo llevarlo a cabo.

No voy a escribir más porque se me está poniendo mal cuerpo. Feliz vuelta al cole.